lunes 25 de enero de 2010

Llegaste y la sorpresa me invadió aún sabiendo tu llegada
sufrí cada interminable minuto de alegría de ese primer día,
cuando la certeza de tu compañía me hizo sentir, simplemente,
como si cada célula de mi cuerpo estuviera diseñada para eso, sentir.

De todo el ayer, impostergable, imprescindible y urgente
solo quedan sombras que tu luz desvanece en un rincón.
Mi objetividad me demuestra que eres la más perfecta de las creaciones
y mi acostumbrada bondad estaría dispuesta a matar a quien lo niegue.
Quiero y no puedo imaginarme sin vos, el mundo sin vos,
mi futuro sin vos y hasta mi pasado sin vos.

Algún día lejano, cuando cansada estés de mis errores
y la vida entreteja su acostumbrada maraña de desacuerdos
o Zeus nuble nuestro juicio por simple diversión, ese día verás
que aunque rompas mi corazón, no puedes destruirlo,
porque eres la razón de su fortaleza.

martes 25 de agosto de 2009


Si, soy nostálgico, no de espacios, ni tiempos,
de sentimientos, de no lograr repetir lo que sentí
al leer aquel poema, al ver aquella película,
o escuchar esa canción, Ella puede.

Nostálgico de no poder sentirme como a los siete,
cuando lo único que importaba era el ahora
y no hacía falta aclarar la mente para desbordarse en
una carcajada, Ella lo hace.

Ella sabe sorprenderse una y otra vez con mis pobres ocurrencias,
guarda sus problemas lejos de mis urgencias idiotas
y me regala un imposible tiempo de paz
en medio de mis interminables tormentas, Ella lo sabe.

Soy nostálgico de no necesitar su presencia para sentirme vivo,
de ese infantilismo ciego de creer que el centro de mi vida era yo.
Y en esta nostalgia trato de convencerme que llevo las riendas y que a estas alturas Ella es más mía que suya propia, Ella me deja.

La aldea de la montaña envuelta en niebla.
Kano Eitoku (1543-1590)

Las fotos poseen la perfección de lo inamovible, lo que fué, es y será, lo imperecedero y eterno. En su vano intento por reflejarnos como somos nos otorgan un placentero espejismo de inmortalidad.

Creo que las cosas que uno pierde van llevándose pequeñas partes de lo que somos, gastando, carcomiendo, craquelando, vaciando, convietiéndonos en otro, en una especie de oxímoron de lo que fuimos. Pero a nuestro pesar, las diferencias nunca son tan grandes como para que no nos afecte.

martes 11 de agosto de 2009

Mientras preparo un café pienso, sería bueno preparar dos,
miro caer las hojas por la ventana, no sé si las veo,
entibio mis manos, o trato…
Se están muriendo por no acariciarte.

Me recuesto en mi sillón favorito, sin recordar por qué lo era,
mis libros, sin chances, me miran en silencio.
Mis ojos recorren la habitación buscando…
Se están muriendo por no verte.

No escucho la música, solo pasa como el viento,
un viento tibio, creo escuchar la ternura de tu voz,
el resplandor de tu risa, pero no…
Mis oídos se mueren al no escucharte.

Me sorprendo bebiendo el café, está dulce, si.
La amargura de tu ausencia es tan palpable,
solo me queda el recuerdo de tus labios…
Y los míos que se mueren besarte.


El presente es suficientemente duradero como para palpitarlo y lo bastante exiguo como para no destruirnos.